SOBRE LA BOTELLA DE LA BASURA.

Publicado el 18 de Octubre, 2008, 13:29. en General.
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La botella es doña Ana; y la basura, la que nos quiere cobrar multiplicada a los habitantes de este desgraciado Madrid.
No contenta doña Ana Botella y don Alberto Ruíz-Gallardón con imponer una nueva tasa, de entre 50 y 60 euros anuales, por recogida de basuras, al atraco añaden la amenaza: quien no separe a su gusto los distintos tipos de residuos, lo pagará caro. Concretamente, tan caro como 750 euros.
Uno, que ya lleva años a la espalda -aunque no tantos como doña Ana y don Alberto- recuerda los tiempos en que las familias -fundamentalmente los críos, para sacarnos unas pesetas- almacenaban los periódicos para irlos a vender, al peso, de vez en cuando. En ocasiones, corrían igual suerte algunos libros de texto ya superados; cuadernos de cursos que -a ojo de los catorce o quince años- quedaban tan atrás como la prehistoria. Casi como el juez Garzón.
Por aquellos quilos de papel -periódicos, libros, revistas-, los crios sacábamos unos duros para cromos o -todo sea dicho- para tabaco.
Algunos, con marcado espíritu comercial, se procuraban botellas vacías o rotas, que también vendían a buen precio. Y cachivaches de todo tipo, ropa vieja, que recogían los traperos.
Bien, dejemos el cuadro costumbrista y vamos a lo que quería decir: de todo aquella reutilización de materiales diversos -que ahora los cursis han dado en llamar reciclaje- los afectados obtenían un beneficio. Si entonces -años 60 finales, primeros 70- el papel usado, y el vidrio, y los trapos, y los cachivaches, tenían un valor, es de suponer que también ahora lo tienen. ¿Dónde va el papel y cartón de los contenedores? ¿Dónde el vidrio? ¿Dónde el plástico?
Porque nos dicen que se recicla; esto es, que se le otorga nueva vida de alguna forma. ¿Y los beneficios de las empresas dedicadas a esa labor? ¿Dónde están esos beneficios que las empresas obtienen con el trabajo de cada familia que separa restos y los entrega en las mejores condiciones?
¿Dónde están los céntimos que me corresponden por cada periódico que pongo en el chirimbolo azul? ¿Dónde los que me tocan de la cosecha del verde? ¿Dónde los que mi trabajo con el contenedor amarillo generan? ¿Quien se los queda? ¿Gallardón? ¿O la empresa amiga de Gallardón?
¿Qué me va a dar el Ayuntamiento, o el alcalde, o la empresa del amigo del alcalde, a cambio, no sólo de mis resíduos, sino de la separación de los mismos; esto es, de mi trabajo?
¿Acaso por tal motivo me va a rebajar los impuestos? Pues parece que no: me va a obligar a trabajar, bajo coacción, y encima me va a cobrar por ello.
Vamos, como lo de ser casquivana y poner el lecho.

Comprueben que...

Estamos en la mejor situación