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Y de los rojos en general, que empieza a demostrarse que pueden hacer bueno el famoso dicho: "los muertos que vos matais gozan de buena salud"
Debo a mi camarada Arturo el aviso, que no me llegó a tiempo para el artículo de ayer, de la noticia que publicaba ABC, en la que don Eugenio de Azcárraga indicaba a Garzón que no necesitaba dictar una providencia para saber de él y su enterramiento en Cuelgamuros, porque con llamarle por teléfono habría bastado. No es este el primer caso de desaparecidos y asesinados por el franquismo que se levantan -no de la tumba, sino de su sillón- para decir que, aunque ya algo achacosos, siguen vivitos y empeñados en no dejarse enterrar así como así. Lo cual, todo sea dicho, me parece justo y razonable, porque no está bien que quien consiguió sobrevivir a una guerra, sea matado burocráticamente por un juez inepto o unos políticos canallas. Pero esta es la judicatura, esta la política, esta la memoria y esta la gilipollez felizmente reinante.
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