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Porque para este grandísimo hijo de la gran puta, canalla rebotado de jesuita, boquilargo y manicorto, resulta que los etarras no son cobardes, sino tipos que se juegan la vida, según nos ilustra Público.
Curioso valor el del asesino que mata por la espalda o a distancia. Curioso valor el del cabrón que descerraja un tiro en la nuca de quien ni siquiera ha advertido su presencia; curioso valor el de la alimaña que coloca una bomba y sale de naja a todo correr; curioso valor el del miserable que asesina a guardias desarmados o que por las órdenes recibidas no pueden disparar hasta ser tiroteados. ¿Es eso valor, cabrón Arzallus? Claro, que a todo hay quien gane. Tu, canalla Arzallus, por ejemplo. Tu, grandísimo hideputa, que recoges "las nueces" que los asesinos cobardes ponen al alcance de tu puerco hocico. ¡Así fuera verdad que se jugaran la vida, y que los guardias y policías y militares y españoles anónimos y sin uniforme pudiéramos responder en igualdad de condiciones!
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