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Porque es que si no está borracho, es tonto del culo, aunque ambas cosas no sean excluyentes y es más que probable que coincidan. El mismo idiota que hace unos días se declaraba satisfechísimo de que a los españoles les importase un bledo -o una higa, o las castizas tres leches- la discusión entre monarquía y república, hoy se acuerda de hacer la pelota a su difunto amo, el conde de Barcelona a quien sólo un imbécil ignorante puede llamar Juan III. Ansoncillo lo hace ser figura clave en la transición, nada menos; y "hombre que lo tuvo todo y, por amor a España, lo sacrificó todo". Tanto es así que -dice Luisito, el gran seleccionador de carne de lujo- fue el "hombre que más odió y más villanamente persiguió" Franco. Ese Juan tres palos, Ansoncillo, jamás fue otra cosa que una marioneta en manos de cuatro bordes -dicho sea como adjetivo y en su segunda acepción- que lo utilizaron con la intención de medrar en un hipotético futuro en el que nunca creyeron. Jamás fue otra cosa que un muñeco de pim pam pum al que todos le dieron pelotazos para sacar tajada en sus luchas propias; simple moneda de cambio entre vividores exiliados con suculentas cuentas bancarias procedentes del robo, socialistas del Vita, segundorepublicanos subvencionados capaces de pelotear al Borbón estorilero con tal de volver a soñar con el momio. Tu mismo das la clave, Luisillo: Ese Juan tres palos sólo tiene lugar en la Historia en relación con Franco. Sin él -el Caudillo que no fue rey porque no quiso, porque era el único monárquico de España, el único español que respetaba la Monarquía- ningún Borbón hubiera pintado nada desde que Alfonso XIII se largó a todo correr dejándose a su mujer y a sus hijos abandonados en Madrid.
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