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Porque don Alberto no descansa. Ahora -cuenta ADN- ha firmado un convenio con el Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM) y con la Asociación Transexual Española (Transexualia) por el que el Ayuntamiento de la capital se compromete a financiar un Programa Integral de Apoyo al Empleo para este colectivo. Son 74.000 euros del ala, de los que algún céntimo ha sacado de mi bolsillo sin pedirme opinión. El caso es que don Alberto Ruiz Gay-ardón quiere facilitar el empleo al colectivo -ignoro cual, si el de los maricas, las tortilleras, los tijereteados o los peliplumíferos, o si todos revueltos- y para ello, entre otras medidas, se propone pagar el sueldo de unos mediadores que evitarán que las empresas sepan a quien contratan hasta que lo tengan metido en nómina. Y digo yo que si los y las miembros y miembras de este colectivo o colectiva no hacen nada fuera de lo normal en una persona normal -quierese decir que viste como persona y habla como persona- la empresa no tiene por qué averiguar sus intimidades. Ni de los maricas, ni de las tortilleras, ni de los rehechos ni de los heterosexuales de toda la vida. Y si visten y hablan como las mariconas y los machorros del dia del orgullo gay, la empresa tiene todo el derecho a exigirles que se comporten con algo de vergüenza. Y esto, señor Gay-ardón, no es esa homofobia que va a perseguir con amplias subvenciones a los inquisidores de SOS Homofobia. A todo esto, falta por saber qué opinarán de estas alegrías suyas los parados que no son de la otra acera, pero sí son padres o madres de familia, gentes que se dejan sus cuestiones íntimas en la intimidad, y no utilizan los genitales para beneficiarse de ello. ¿O de lo que se trata, Albertito, es de -con perdón- dar por culo?
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