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El señorito Chaves, consciente de que los desgraciados habitantes de su cortijo no tendrán nunca la posibilidad de un trabajo digno, les promete ahora facilitarles el éxodo con la oferta de diversos idiomas. Concretamente, catalán, vascuence y gallego. O català, euskera y galego, para que me entienda. Ayer mismo contaba Eduardo García Serrano, en su programa la 5ª columna -Radio Intercontinental-, la anécdota ocurrida cuando su padre, el inolvidable Rafael García Serrano, fue a Barcelona a recoger el premio Espejo de España por La Gran Esperanza. Corría el año 1983 y el recepcionista del hotel le habló en catalán, a lo que Rafael le respondió en español. Persistió el maleducado en hablarle en catalán, y Rafael le respondió hablándole en vascuence, con lo que el cretino que desde la recepción de un hotel espantaba así a la clientela se quedó más atontado de lo habitual en un fulano de tamaña cretinez. Al final, el acompañante designado por Planeta terció y le dijo al recepcionista gilipollas que acaso podrían entenderse en colombiano, idioma que don Rafael García Serrano dominaba a la perfección. Pues ahora los andaluces, naturalmente dotados para hablar andalúz, castellano-manchego y castellano-leones, extremeño, aragonés, murciano, santanderino, canario, ceutí, melillense, mejicano, hondureño, salvadoreño, cubano, dominicano, venezolano, colombiano, boliviano, nicaragüense, panameño, paraguayo, uruguayo, argentino, chileno, peruano, ecuatoriano... en fin el segundo idioma más hablado del mundo, serán educados por Chaves en lenguas de tantísima proyección internacional como el catalán, batúa y galego, para que amplíen sus horizontes laborales.
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