SOBRE "ESE TAL BLAZQUEZ".

Publicado el 20 de Noviembre, 2007, 16:47. en General.
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No iba a hacer el comentario hoy, porque la fecha es demasiado importante para ensuciarla hablando de un mindundi; pero tampoco puedo pasar por alto las palabras del señor Blázquez -ese tal Blázquez, que dijo el padre Arzallus- a propósito del "papel providencial" del cardenal Tarancón.
"Nuestra memoria -dijo el presidente de la CEE-, es homenaje y reconocimiento de su persona y de su obra. Fue, en una coyuntura crucial, un don de Dios para la Iglesia y la sociedad española".
Se propuso -dijo Blázquez citando al propio Tarancón-, "dos objetivos: aplicar a España las enseñanzas del Concilio Vaticano II en lo referente a la independencia de la Iglesia de todo poder político y económico, y procurar que la comunidad cristiana se convirtiese en instrumento eficaz de reconciliación para superar el enfrentamiento entre los españoles que había culminado en la guerra civil"... "Sin olvidar el pasado -dijo el presidente de la CEE-, miraba al futuro y por ello confiaba en las nuevas generaciones y les daba la palabra. Afirmaba abiertamente que la Iglesia veía con buenos ojos la llegada de la democracia y el pluralismo que le es inherente".
Bien, pues a la vista, señor Blázquez, está el éxito de Tarancón: una Iglesia convertida en simple objeto de lujo, sin el menor arraigo en las conciencias ni en las conductas.
Una Iglesia que celebra matrimonios porque es la costumbre, pero lo hace a sabiendas de que más de la mitad de los contrayentes no tienen ninguna intención de perseverar y a los pocos meses va a dar por liquidado el trámite -que no sacramento- eclesiástico.
Una Iglesia que sigue impartiendo Primeras Comuniones a hijos de padres que no consideran el hecho mas que como simple acto social, de lucimiento.
Una Iglesia que concentra millones de personas en visitas papales, si; personas que -según los datos estadísticos- no tienen en esa presunta religiosidad obstáculo para abortar o divorciarse.
Una Iglesia donde todo es pura quincalla, floritura vacía, costumbre sin raíces de fe. Todo formal, sin hondura ni creencia.
Esa es la Iglesia que legó el cardenal Tarancón: una Iglesia donde muchos católicos no tenemos sitio y -a fuer de sinceros- tampoco lo queremos.
Porque, señor Blázquez, nos da asco una Iglesia cuyas jerarquías no levantan un dedo cuando sus curas niegan los sacramentos a un moribundo por ser guardia civil. Nos da asco una jerarquía eclesiástica que proteje a los curas que guardan explosivos en sus confesionarios.
Y, señor Blázquez, nos da mucho asco  -muchísimo- que venga usted ahora pidindo perdón porque los católicos asesinados por los rojos -don José Luís Rodríguez así se autodenomina- no ofrecieran resistencia y se negaran a aceptar el martirio por su fe. Tendrían que haber renegado ¿verdad, señor Blázquez?; haber confraternizado con los que asesinaban curas y monjas y quemaban iglesias, y haber dialogado con ellos.
¿Sabe usted, señor Blázquez? No tiene usted ni siquiera la categoría para enviarle a donde mandábamos a Tarancón, de manera puramente metafórica, se entiende, porque el traidor vivió luengos años para hacerse querer de tan respetables ciudadanos como ese mismo Arzallus que a usted le caló enseguida: ese tal Blázquez.