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Cuya Declaración ha aprobado la ONU, tras 20 años de debate, según informa El Mundo. En sus 46 artículos, la Declaración incluye la propiedad de sus tierras, los recursos naturales de sus territorios, la preservación de sus conocimientos tradicionales y la autodeterminación. Salvo la gilipollez de la autodeterminación, que sólo puede parecerle bien a los esclavistas que desean un mundo más dividido, con naciones de segunda o tercera de las que poder aprovecharse, me parece muy bien que se hayan aprobado, nada más y nada menos que en la ONU, esos derechos de los pueblos indígenas. Queda lamentar el evidente retraso en hacerlo. Y no me refiero a esas dos décadas que ha tardado la organizacioncita en debatir y aprobar la Declaración, sino a los 500 años que ha tardado el llamado mundo civilizado en reconocer la justicia de las Leyes de Indias promulgadas por los Reyes Católicos. Leyes que -a pesar de la Leyenda Negra- tuvieron un claro efecto en la preservación de la vida, las costumbres y la cultura de los indígenas, y eso es algo que se puede comprobar en cualquier país Hispanoamericano -ahí está, verbigracia, don Evo Morales- y en cualquiera de las calles de España.



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