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Que el Tribunal Supremo obliga a considerar para la provisión de vacantes de juez, a solicitud de Jueces para la Democracia. Está muy bien eso de valorar el conocimiento de lenguas cooficiales por encima de los conocimientos puramente jurídicos o, al manos, en pie de igualdad. No tengo mucha idea de Derecho, pero puedo someterme a las pruebas que consideren pertinentes para demostrar que maltrato con cierto decoro el español; que entiendo el catalán, el valenciano y el gallego escrito (al oído me cuesta más); que entiendo y hablo razonablemente el andaluz, el canario, el castellano manchego y el castellano leonés, el extremeño, el aragonés, el santanderino y el navarro. Y que puedo entender y hacerme entender en argentino, chileno, uruguayo, paraguayo, venezolano, colombiano, boliviano, peruano, ecuatoriano, nicaragüense, dominicano, mejicano, cubano, hondureño, salvadoreño, panameño, guineano, y alguno más que por las prisas se me olvidará, seguro. Espero por tanto que, en atención a estos méritos, el Tribunal Supremo me oferte una plaza de juez en, por ejemplo, la Audiencia Nacional, cuyas competencias me motivan especialmente.
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