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Una diputada mejicana ha propuesto modificar el reglamento de la cámara, para prohibir que las mujeres acudan al recinto legislativo con minifaldas o blusas escotadas, pues distraen a los diputados. Doña Blanca Nelly Sandoval Adame, del Partido Nueva Alianza, añade que las mujeres que trabajan como secretarias o asistentes de los diputados, deben evitar el maquillaje excesivo. De entrada, uno colige que doña Blanca Nelly debe ser escasamente agraciada, o bien desea eliminar competencia. Ignoro cuan fácilmente alterable pueda ser la líbido de los diputados mejicanos pero, desde mi nunca desmentida inclinación hacia el sexo femenino, debo confesar que nunca me han distraído de mis obligaciones unas piernas, un escote o una cara bonita. Acaso los mejicanos sean más ardientes. O acaso a los diputados -mejicanos o no- les trae sin cuidado su trabajo. Otra cosa es que -ya me pueden llamar machista- uno reconozca el agrado con que contempla cualquier parte de la anatomía femenina que le sea mostrada, aunque sin más intención que la meramente contemplativa, y siempre que se haga con el debido buen gusto, porque lo zafio está reñido con lo femenino. En fin, esa sutil diferencia que separa la feminidad de la vulgaridad. Porque actualmente parece que la España "alegre y faldicorta" que quería José Antonio se transforma fácilmente en golfa y despatarrada. Y no es lo mismo. Pero lo que ya me desquicia por completo, es la exigencia que propugna la señora Sandoval Adame, acerca de que los hombres lleven afeitado el bigote y la barba. ¡Me hunde usted, doña Blanca Nelly!. Desde hace 30 años llevando bigote, y hasta ahora no me entero de que puede provocar pasiones inconfesables en damiselas como usted...



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