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Los cretinos separatistas de Cataluña se quejan de los apagones, del desastre de los trenes, del desbarajuste del aeropuerto de El Prat. Por supuesto, la situación es de las que producen vergüenza ajena, pero -como buenos tontos- yerran el tiro. Mejor harían en dirigirlo a los chorizos que se van a gastar más de 380 millones de euros en sobornar a Gobiernos tercermundistas para que les den una apariencia de legalidad a sus remedos de "embajadas" catalanas.
Por otra parte, los separatistas -como buenos idiotas, manifiestos incultos y soplagaitas cum laude- se dedican a pintarrajear los grupos electrógenos con que el ejército ha ido a socorrer a los habitantes de Barcelona, a pesar de que la culpa del desastre no es de nadie más que de su gobiernillo autónomo. Y uno se pregunta por qué no se llevan los generadores a sus bases, y dejan que los "catalans" produzcan electricidad dando pedales en una bicicleta, mientras los catalanes los corren a gorrazos. O por qué no ponen un centinela, con órdenes de disparar -siguiendo la máxima del prohombre liberal Manuel Azaña- a la barriga al primero que se acerque a menos de tres metros de una propiedad del ejército.



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