|
El toro de Osborne instalado en El Bruc, que ha sido derribado por unos heróicos catalanistas agrupados bajo una llamada "Hermandad catalana la bandera negra". Personalmente, el hecho de que un símbolo comercial se haya convertido en definitorio de nuestra Patria me parece absurdo. Cierto que el toro (el toro bravo) representa mucho del carácter español y ha estado vinculado a nuestra historia desde el comienzo de los tiempos. Desde aquél fabuloso Orisón, que plantó cara a los cartagineses movilizando a los astados en defensa de la independencia patria, hasta el glorioso Manuel Rodríguez, Manolete, (voluntario en la defensa de Córdoba, soldado artillero), que hizo arriar la banderilla segundorepublicana en la plaza de Méjico. Tiene cierto sentido que en estos tiempos, donde toda ignorancia, toda falsificación y toda estupidez tienen asiento, un símbolo folclórico sea tenido como representación de algo -España- que la mayoría no sabe como expresar, ni cómo sentir. Pero es el mismo sentido que tendría simbolizar a la Patria en la bata de cola flamenca, en el pañuelo rojo navarro, en la barretina catalana o la chapela vascongada: una vuelta a la aldea, a lo físico, a la gaita. No obstante, la gamberrada contra la figura del toro de Osborne se ha hecho con intencionalidad antiespañola. Los heróicos "catalans" afirman que "despues de tres horas de buen y duro trabajo... el toro de Osborne ha caído vergonzosamente como un gigante con pies de barro." ¡Hombre, sólo faltaría que no hubieran sido capaces de tirar abajo un cartelón! ¿Se apuestan estos jovenes y esforzados héroes anónimos -porque el nombre no lo dan, hasta ahí podíamos llegar- a que este cuasi viejo que suscribe los derriba a ellos, uno por uno, a cincuenta metros y sin que les claven los pies al suelo? ¿A que no? Porque estos fulanos, que se jactan de haber limpiado "la inmundicia cornuda española", no hacen con ello sino demostrar su ignorancia oceánica. Los cuernos, en todos los seres que por naturaleza los tienen, son símbolo de su poderío, de su jerarquía dentro del grupo, escudo defensivo y arma de ataque para los que, por tener coraje, arremeten contra el enemigo. Los otros cuernos, los únicos que estos "catalans" -no confundir con catalanes, que no es lo mismo- conocen, son los que sus parientas respectivas les ponen por considerarlos ineptos para la procreación. ¿Acaso toda esta tartarinada no sea mas que un vulgar "ataque de cuernos"? ¿Acaso no es más que simple envidia, porque estos aldeanitos no son mas que unos cuatezones -esto es, animales que debiendo tener cuernos, por su especie, carecen de ellos- y se ven imposibilitados de pintar algo en su grupo social, así como de luchar por el derecho a emparejarse, y han de salir corriendo con el rabo entre las piernas -caso de tenerlo- ante el que tenga un buen par -metafísico- de lo que estamos hablando y de otras cosas? Sin necesidad de ser psicólogo, aprecio un evidente complejo de inferioridad en estos "catalans", cuyo máximo objetivo es sustituir la figura del toro de Osborne por el "burro catalán". Tienen en su -nuestra, y ahí les duele- Historia al fabuloso Roger de Lauria, el que afirmó -porque podía- que hasta los peces debían llevar las barras de Aragón para nadar por el Mediterráneo. Pero ellos se quedan en el burro. Animal simpático, gracioso, aldeano; pero -qué le vamos a hacer- escasamente heráldico. Y uno, puestos a elegir entre animales totémicos -estamos volviendo a las cavernas a pasos acelerados- se queda con el Aguila; pero si en la actualidad no hay mas opción que ser toro -bravo, noble, fuerte- de amplia dehesa, o burro -tozudo, cabezón, que no tesonero- de aldehuela, prefiero tener lo necesario para, por ejemplo, firmar lo que digo con mi nombre -ahí está, de guardia, en la cabecera- en lugar de agazaparme en el anonimato y la nocturnidad.
NOTA: esta entrada la puede encontrar también, quien guste, en LA TRIBUNA DE ESPAÑA, lugar cuyo enlace tienen siempre disponible en la columna de la derecha y que les recomiendo.


|