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Que, según las organizaciones de consumidores, se han incrementado en un diez por ciento. Esto quiere decir que cualquiera que tenga una cuenta corriente, una libretita de ahorro, paga un 10% más que hace unos meses por el simple hecho de tenerla. Paga comisiones por mantenimiento de cuenta, por cada apunte en ella, por las tarjetas de crédito -por tenerlas y por usarlas-; incluso paga comisiones cuando va a un cajero automático y hace labores de empleado del banco, o cuando hace operaciones a través de Internet, en cuyo caso le ahorra al banco hasta el desgaste de los botones del cajero automático. De los que tienen hipotecas, créditos y otras maravillas del consumismo, mejor ni hablamos. Y uno, que ha conocido los tiempos en que los bancos pagaban intereses a quien tenía cuentas en ellos, y no cobraba por las cartillas, los apuntes, las cartitas y otras bagatelas, se pregunta cómo es posible que un Gobierno socialista, tan preocupado por los pobres del mundo, famélica legión, o un Gobierno pepero, tan avanzado como Gay-ardón y su clá de mariquitas, permitan estas cosas. Menos mal que -según informa La Razón- el Tribunal de Cuentas me saca de mi turulatismo: Los partidos políticos con representación en el Congreso adeudan a la Banca la friolera de 177,6 millones de euros, repartidos así:
PSOE 62.717.137 PSC 11.909.449 PP 28.451.376
En fin, hermanos: en esta vida todo acaba teniendo explicación.
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