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La paga, o ayuda, o como se le quiera llamar, de esos 2.500 € prometidos por el señor Rodríguez por cada hijo nacido o adoptado a partir del pasado día 3 de julio.
Al día siguiente se comprobó la evidencia de que el señor Rodríguez había, una vez más, improvisado, al recibir como respuesta a las llamadas que solicitaban información un "no sabemos nada" de los funcionarios de los departamentos implicados. Pero es que ahora resulta que esa paga no va a ser tal paga -si lo fuera, invadiría las competencias autonómicas, al parecer-, sino una deducción en los impuestos, cosa que el Tribunal Constitucional considera que no se ajusta a la legalidad, por tratarse de una reforma fiscal a mitad del ejercicio. Total, que ni de una forma ni de otra puede el señor Rodríguez llevar a cabo su propuesta, lo que indica -de nuevo- que el Estado está en manos de un patán ignorante, que se guía, no ya por impulsos, sino por vulgares calentones de boca, como un ridículo chulo de sainete que habla sin saber de qué.
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