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Final de la llamada tregua que ETA ha tenido a bien comunicar, y que ya el Gobierno se esperaba desde hace unos días. El análisis es, por demás, fácil. Dado que ETA jamás -jamás- ha mentido en cuanto a sus objetivos, es evidente quien ha mentido, quien ha jugado y quien ha estado haciendo malabares; quien ha faltado a la dignidad, a la justicia, a la lealtad debida al cargo y a la mínima honradez, política y personal.
El señor Rodríguez, aupado a la presidencia del Gobierno por la manipulación del pueblo a raíz de un atentado terrorista, no tiene más virtud política que la de engañar y trapichear. Engañó a Aznar firmando el pacto antiterrorista cuando ya negociaba con ETA. Engañó a ERC con CiU en el nuevo Estatuto de Cataluña. Ha querido engañar a ETA, dándole largas al cumplimiento de la promesas hechas -que algún día conoceremos, porque los etarras no se van a callar-, pero ETA no juega a la política marrullera. Y en el juego asesino de ETA no caben tiquismiquis. ETA jamás ha ocultado sus objetivos: independencia de Vascongadas, anexión de Navarra y un Estado socialista. Estado socialista en el sentido marxista del término, y a las claras se ve en las amenazas contra el PNV, que será el primer objetivo de los asesinos si alguna vez la debilidad del Gobierno español cediera al separatismo. Ahora, el señor Rodríguez nos ha conseguido una ETA crecida, organizada, financiada -con los chantajes y con los caudales públicos logrados en las elecciones municipales por la flojera gubernamental- y bien armada. Sobre su cabeza caerá la sangre de los futuros muertos.
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