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Delito del que han sido acusados dos jóvenes españoles por la justicia de Letonia, por haber descolgado unas banderas del país de unas farolas, con la intención de quedárselas de recuerdo o como simple gamberrada, según las versiones. El delito está penado con hasta seis años de prisión y -para qué ocultarlo- la envidia me inunda y me corroe leyendo noticias como esta. Incluso he tenido la tentación de irme a la embajada letona a pedir la nacionalidad pero, pasado el primer impulso, he recordado que ser español es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo. El problema es que quedamos pocos, porque ser español no es sólo tener un DNI o un pasaporte.
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