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Las que ya se van haciendo esperar más de la cuenta, acerca del ingreso de don Pascual Maragall en un monasterio trapense o -preferiblemente, y Dios me perdone si hay de qué- sobre su suicidio. Ya se lo he indicado por dos veces y esperaba no tener que hacerlo por una tercera, pero ya se ve que don Pascual, sobre ser socialista, aldeano y tonto, es cobarde. Una pena. ¡Con lo bien que quedaría ahora, en plena campaña electoral, un artículo sobre la gallardía final de pegarse un tiro!
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