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Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, que hace unos días casi conseguía reconciliarme con la jerarquía eclesiástica, a raíz de leer una conferencia en la que textualmente decía lo que sigue:
8. Intervención de los católicos en los partidos no confesionales.
El otro tema importante anunciado es la participación de los católicos en los partidos políticos no confesionales. Hoy en España hay algunos partidos políticos que quieren ser fieles a la doctrina social de la Iglesia en su totalidad, como p.e. Comunión Tradicionalista Católica, Alternativa Española, Tercio Católico de Acción Política, Falange Española de las JONS. Todos ellos son partidos poco tenidos en consideración. Tienen un valor testimonial que puede justificar un voto. No tienen muchas probabilidades de influir de manera efectiva en la vida política, aunque sí podrían llegar a entrar en alianzas importantes si consiguiesen el apoyo suficiente de los ciudadanos católicos. Por eso no pueden ser considerados como obligatorios pero sí son dignos de consideración y de apoyo. Los grandes partidos, los que rigen la vida social y política son todos ellos aconfesionales, algunos radicalmente laicos y claramente laicistas. En esta situación la doctrina de la Iglesia la podemos resumir así.
- La Iglesia no exige, ni recomienda, la constitución de partidos confesionales (partidos sólo de católicos, sólo para católicos, con política pretendidamente católica, incluso en las cuestiones contingentes y opinables).
- Es legítimo a los católicos participar en partidos no confesionales, colaborando con no católicos, siempre que se reconozca la validez de la ley moral natural como norma moral para el tratamiento de todos los temas políticos.
- Los partidos laicos, para que los católicos puedan participar en ellos, deben también reconocer y respetar la libertad de conciencia de los católicos para manifestar sus puntos de vista confesionales como fundados en la recta razón, y se admita la objeción de conciencia en todos aquellos temas que les parezcan contrarios a la moral natural o a la moral católica, tanto en las decisiones partidistas, como en las votaciones de los diputados y las decisiones de gobierno.
- Los católicos no deben intervenir en aquellos partidos que expresamente nieguen la existencia de una ley moral objetiva que se debe respetar en la vida política o se manifiesten contrarios a la libertad religiosa de los ciudadanos en general, de los católicos, o de la Iglesia católica sin el reconocimiento de la objeción de conciencia y de la libertad religiosa de sus propios militantes y representantes.
(...)
Por eso mismo los pastores, obispos y sacerdotes, tenemos que abstenernos de opinar y actuar en todo aquello que sea políticamente discutible y no tenga claras y graves implicaciones morales obligatorias para todos. También hemos de saber aceptar con normalidad las restricciones políticas que puede llevar consigo la comunión católica, es decir la no posibilidad de apoyar a un partido que propugna elementos claramente inmorales, como pueden ser la legitimación de la violencia, la extensión de la permisividad moral, la legitimación del aborto, de la eutanasia, o la disolución del matrimonio y de la familia.
Pero resulta que, a los pocos días de haberse hecho pública esta conferencia, Monseñor Sebastián declara que sus palabras han sido tergiversadas, y que lo que la Iglesia recomienda es la participación de los católicos en los partidos laicos que respeten su libertad de conciencia, y no el voto a partidos confesionales. Vamos, que se la envaina de mala manera y -una vez más, y ya van demasiadas, al menos para mí- la jerarquía eclesiástica nos deja tirados mientras nada y guarda la ropa; vendidos y abandonados ante el confusionismo. Se extraña Monseñor Sebastián de que los católicos sean cada vez menos, y de que la Iglesia -la Institución- sea cada vez menos valorada. ¿Y qué espera, con pastores así? ¿Qué espera don Fernando Sebastián, cuando se retracta de algo tan claro como que los católicos no deben intervenir en los partidos que nieguen una ley moral objetiva, ni pueden apoyar a los que pretendan extender la permisividad moral, la legitimación del aborto o la disolución del matrimonio? ¿Por qué se la envaina, señor Sebastián? ¿Por qué se traiciona a sí mismo como pastor y se vende al partido de la permisividad moral, de la libertad y gratuidad del aborto, de la disolución familiar? ¿Por qué se vende usted, señor Sebastián, al relativismo moral que ha condenado el Papa? ¿Por qué reniega, señor Sebastián, de los que nos habíamos alegrado al escuchar, por fin, una voz valiente y consecuente? ¿Qué pretende usted, monseñor Sebastián? ¿Congraciarse con los mismos que cualquier día de estos van a empezar a cazarle? Y ojo, que no es una pregunta retórica; que ya se están dando casos de persecución a religiosos. ¿Piensa usted, señor mío, que renegando de sus palabras, de la doctrina católica, de la ley moral y de los católicos que quedamos, va a salir mejor librado que sus hermanos mártires del 36, a cuya persecución alude en esa misma conferencia? Pues mire usted, señor mio: lo único que va a conseguir, es que los unos le cacen, y los otros no nos demos por aludidos. Porque usted no es un Obispo católico, sino un traidor.
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