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Que ha confesado que la reforma del Estatuto de Cataluña fue un error. Cuenta Rafael García Serrano -La Gran Esperanza- que cuando, allá por los años sesenta, Dionisio Ridruejo le dijo a Eugenio Montes que se habían equivocado de bando, el gran Eugenio le respondió:
«Yo no me equivoqué. Yo elegí bien. Para estas equivocaciones, cuando se han enviado hombres a la muerte, no hay más que dos salidas. O el suicidio, si se es un hombre de honor, o la Trapa, si se es un hombre de fe.»
Poco tengo que añadir. Si acaso, reconocer que el señor Maragall y sus muchos amigos, amigachos, amiguetes, traidores todos ellos que han matado -intentado al menos- a España, no son hombres de fe. Espero con fruición el momento en que me llegue la noticia de su suicidio.
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