|
Porque ahora, el señor Rodríguez, se ha mostrado beligerante en una nueva guerra: a la pobreza y al cambio climático, ahí es nada. Lo de la pobreza, espero que se lo comunique a su Ministro Solbes, aunque sólo sea para que deje de robarnos un 60% -así, a ojo, que puede ser más- de impuestos sobre la gasolina. O, cuando menos, que deje de cobrarnos el IVA sobre el Impuesto Especial de Hidrocarburos. Acaso no vendría mal una indicación al Ministro de Trabajo, para que se entere de que un trabajo digno -que dice la Constitución- conlleva un salario digno. Y para que se entere -aunque lo diga la Doctrina Social de la Iglesia y lo dijera, además, José Antonio- que el ser humano no es una mercancía que vender o alquilar en su mercado de trabajo. Lo del cambio climático tiene más guasa, pese a que gracia no tenga ninguna. Se supone que las recientes riadas del Ebro son parte de ese cambio climático. No me atrevería a decir que Rodríguez pudiera tener un efecto beneficioso sobre el tema con sólo decirle a doña Sonsoles que cierre el pico, pero acaso podría hacer algo. Algo, como invertir en soluciones -antes de las riadas- en vez de dedicar los fondos a indemnizar y arreglar lo roto. Algo como hacer algún pantanillo que pudiera, no sólo embalsar el agua -tan deficitaria por otra parte- sino moderar las crecidas y remansar los efectos devastadores. Pero eso, claro, es cosa de dictadores fachas. De Paco Rana, como llama el gran hijo de puta de Jiménez Losantos; o de Francisco Franco -como recordamos las personas decentes- que es el único estadista que ha dejado huella en España desde Felipe II, con el breve paréntesis del General Primo de Rivera. Como supongo que nadie lo va a decir, lo diré yo: ¿Han pensado los aragoneses -esos que tanto vociferaron hace unos años en contra del trasvase del Ebro- que si ese trasvase -con los correspondientes pantanos y canalizaciones- estuviera hecho, probablemente no habrían sufrido tantos daños en esta crecida? Nadie les va a decir que esos millones de litros de agua que han ido al Mediterráneo devastando a su paso los campos y dañando algunas poblaciones -y poniéndoles los susodichos de corbata- ni se habrían perdido ni habrían dañado de estar hechas las obras hidráulicas que España demanda. Nadie les va a decir que esta crecida podría haber terminado mansamente embalsada en la cabecera del Júcar o del Segura, sin que Aragón hubiera perdido nada. Por cierto: también en Marte se ha observado un cambio climático. Dudo que lo produzcan todos esos culpables que los tontolabas científicos de la ONU acusan, pero no me opondría a que el señor Rodríguez se fuera allí a hacer sus guerras.
|