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Los tres gatitos que un individuo arrojo a la carretera, ante el horror -dice la prensa- de los ocupantes de los vehículos que lo seguían, que -no obstante- reaccionaron tomando la matrícula del coche del gaticida, denunciándolo y recogiendo al minino superviviente, que aparece en la foto. A mi no me parece bien el maltrato a los animales, ni la crueldad con los gatos, los perros, las cabras o sus padres. Pero, la verdad, me parece una aberración que alguien pueda ser condenado por arrojar tres gatitos a la carretera, cuando campan a sus anchas, tranquilos y hasta bien considerados, los genocidas que asesinan a cientos de miles de personas anualmente aunque, eso si, lo hagan en quirófanos debidamente autorizados por doña Esperanza Aguirre y similares. Es digno de alabanza que alguien recoja a un minino abandonado y lo lleve a una sociedad protectora de animales. Pero el escándalo que ha armado la prensa y la muy sensible gente que se ha sentido profundamente dolida, me parecería mucho más sincero y humano si protestaran con la misma intensidad de los cientos de miles de niños tirados, no ya a la carretera, sino al cubo de la basura. Me parece perfecto que se denuncie la crueldad con los animales, para que el culpable pague sus actos. Pero lo vería más coherente si pidieran la pena proporcional a quien asesina a su propio hijo. Y no digamos al que hace del crimen un negocio bendecido por la ley. Y como los asesinos, los propagandistas y las golfas suelen acogerse a eso de que la mujer tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que quiera, aquí van unas fotos de lo que esos asesinos, propagandistas y golfas han hecho con criaturas tan inocentes, al menos, como esos tres gatitos de la noticia. Por cierto: las fotos no corresponden a lo que ninguna golfa haya hecho con su cuerpo, sino lo que han hecho con el cuerpo de otro ser, distinto e irrepetible, que circunstancuialmente tuvo la desgracia de caer en manos de golfas y asesinos.














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