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El que, en mi modesta opinión, se está produciendo en torno a los dos asesinados en el atentado de Barajas. Mientras hay quien dice en prensa y radio que el Gobierno da la sensación de haberse sentido aliviado porque los muertos eran ecuatorianos, a mí me parece que se está extremando el tratamiento informativo y las muestras más o menos sinceras de sentimiento, precisamente por eso: por ser ecuatorianos. Comprendo que tras varios años sin atentados mortales, quien no se lo esperara estará sorprendido, dolido y alterado. Comprendo que la prensa amarilla tiene que vivir, y esto es algo que, desgraciadamente, da juego a sus intereses. Pero el riesgo de poner el listón alto en demasía, es que luego hay quien se acuerda y compara. Espero que no haya lugar a la citada comparación, pero no puedo dejar de recordar que, cuando fue asesinado el socialista Tomás y Valiente se convocaron minutos de silencio en los centros oficiales. Minutos que no tuvieron su corespondiente repetición cuando el asesinado fue -meses después- un coronel del ejército. Y aquí, ya lo he dicho muchas veces, o jugamos todos o rompemos la baraja.
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