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Horror que ha manifestado ante el hecho de que sus compañeros nacionalistas (esto es: separatistas, para que nos entendamos), sigan apostando por el diálogo con ETA tras el atentado que ha costado la vida a dos personas.
El señor Anasagasti hace gala de una sensibilidad que le honra. Lástima que su sensibilidad llegue irremediablemente tarde; que no la haya mostrado en los últimos 30 años. Lástima que no se haya sentido tentado de renunciar a los postulados etarras que tan buenas cosechas han proporcionado a su partido, cuando los muertos no eran inmigrantes ecuatorianos, sino maketos españoles. Lástima que no haya abogado antes por la sensibilidad ante las bombas o los tiros en la nuca de los hombres de uniforme. Ahora, señor Anasagasti, llega usted tarde.
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