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Que sufre -más bien goza- Italia y que se prolongará, según informa La Razón, durante tres días. Se quejan los periodistas italianos en huelga de la precariedad laboral que sufren, de la dependencia del empresario que dificulta o anula la libertad de expresión. Se cita como anomalía el hecho de que todos los periódicos reciben subvenciones estatales y que -fundamentalmente los ligados a partidos políticos- vivan de ello. Lo que son las cosas, aquí les llevamos terreno de ventaja. Los periodistas -salvo cuatro excepciones- disfrutan siendo simples voceros del partido en el poder y fieles siervos de su amo empresarial. Y ni siquiera nos queda el consuelo de que se pongan en huelga.
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