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La que, de aprobarse la propuesta que hoy se somete a referéndum en EEUU, le podría caer a un afortunado votante del Estado de Arizona: un millón de dólares, a sortear entre los que vayan a votar. En otros tiempos, los votos se vendían al mejor postor, o los dictaba el señorito de turno. No hace tanto, el voto a determinado partido suponía el cobro del PER o las excursiones del IMSERSO. Ahora, lo que se premia es simplemente la asistencia a la urna, porque está claro que cada día más gente se desentiende del espectáculo. Para que luego digan que lo de las urnas no es una lotería.
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