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El aprobado por la Comunidad de Madrid, que -dicen- suaviza la prohibición de fumar en lugares públicos. Concretamente, en la taifa madrileña se podrá fumar en las cafeterías de los centros de trabajo, en actos institucionales y en celebraciones privadas. Y uno, que es fumador y está hasta el gorro de ser considerado poco menos que un maleante, tiene sobre todo que ser consecuente, y decir que, pese a que esta medida pueda resarcirme de la persecución, un decreto autonómico jamás puede estar en contradicción con una Ley de ámbito nacional.
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