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Cuyas sedes empiezan a sufrir los ataques -ciertamente mínimos, por otra parte- de los desconocidos habituales. Lo malo de ponerse a recoger nueces debajo de un árbol que otros mueven, es que lo mismo los que están sacudiendo el tronco se molestan y siguen a mamporros con los recolectores. Si los separatistas baskos supieran leer en la lengua mas universal del mundo, les recomendaría Bosnios para un nuevo Guernica, del impagable Ángel Palomino. Su historia -en minúsculas-, por mucho que los aldeanos nazionalistas se crean dueños de sí mismos, está ya escrita.
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