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Que han vuelto a pasear, en recuerdo de la guerra que perdieron, por los lugares donde sufrieron dignas derrotas y -la mayor parte de las veces- ignomisiosas carreras en pelo. El bobo Llamazares -ese imbécil que aún no se ha enterado de que cayó hace tiempo el muro de Berlín con que sus amos tuvieron que encerrar al pueblo- ha agradecido a los brigadistas su apoyo a la IIª República, aludiendo a los valores del socialismo y el anarquismo. Supongo que los brigadistas -salvo los devotos hijos del fallecido Kremlin soviético- se habrán echado a temblar, recordando al carnicero de Albacete, André Marty, que tan comprensivamente asesinó a miles de ellos antes de que pudieran entrar en combate, porque a los anarquistas los despenaban rápidamente. Supongo también que se habrán sorprendido mucho los brigadistas ante los vivas a la república del bobo Llamazares, después de pasarse los meses que estuvieron en la España en guerra oyendo vivas a Rusia. Y supongo, por último, que se habrán sentido muy contentos de haber contribuído a decirle al mundo lo buenos que eran los rojos, -el que sólo era republicano o demócrata iba listo bien pronto- y haber hecho propaganda de la IIª República. Es lo único que pudieron hacer, los pobres. La historia la hicieron otros.
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