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Concretamente el 435 de la batalla de Lepanto. Lo que son las cosas, ahora que la Cristiandad ya no quiere siquiera recordar sus orígenes; ahora que hay que evitar y autocensurar todo lo que tenga que ver con los musulmanes; ahora que en Alemania censuran óperas y en España censuramos las fiestas de moros y cristianos; ahora que los moritos que viven en nuestras tierras exigen respetos que ellos no muestran, el que suscribe prefiere recordar la más alta ocasión que vieron los siglos. Y es que soy un irrecuperable, qué le vamos a hacer. Mientras que los occidentales -lo que en mejores siglos se llamaba Cristiandad- nos dedicamos a ser comprensivos, respetuosos, tolerantes y otras chocholadas, los moros siguen como siempre: exigiendo, imponiendo, combatiendo, pensando que la línea recta al paraíso pasa por despenar cristianos. Ellos están en su posición y nosotros hemos abandonado las nuestras. Total, lo de siempre. Es la mejor manera de que vuelva a ser imprescindible que un hombre llamado Juan diga que Cristo en nuestro Capitán.
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