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El famoso presentador televisivo y radiofónico -ignoro si periodista o simple cantamañanas- que ayer arremetía contra la cadena COPE y la Conferencia Episcopal Española, a propósito del tema del 11-M y la supuesta teoría conspiratoria. Evidentemente, este señor puede expresar sus opiniones como cualquier otro. Lo que ya no es de recibo, es que pretenda sentar cátedra y exigir que las informaciones sobre este tema sean censuradas y el simple hecho de querer saber se convierta en delito. De sobra conocemos que la libertad de expresión, para determinados individuos, sólo vale para sí mismos. Además, no seré yo quien defienda la cerrilidad inutilderechista de los Jimenez Losantos y Vidales. Pero el señor Gabilondo debería tener en cuenta que -ahora que tanto se lleva la memoria histórica- algunos tenemos la suficiente memoria para recordar que él mismo, allá por los años de la UCD, fué puesto de patitas en la calle por Televisión Española, habida cuenta de que se comprobó fehacientemente que falsificaba los reportajes que emitía en sus informativos. Así es que, señor Gabilondo, mejor cierre la boca.
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