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La que el grupo terrorista Al Qaeda ha planteado a Occidente, aprovechando la tergiversación de las palabras de Su Santidad Benedicto XVI sobre la yihad: Romperemos la cruz, derramaremos licor e impondremos el impuesto de la cabeza, sólo entonces lo único aceptable será la conversión (al Islam) o (la muerte por) la espada. Hasta para eso los fanáticos musulmanes son tontos de baba: ya hace tiempo advertí -perdón por la inmodestia- que estamos en plena guerra de civilizaciones, y que o empezamos a sacudir de firme, o nos las van a dar todas juntas. Ahora, gracias a Dios, nadie podrá decir que soy un exagerado o un fanático: son ellos quienes lo dicen. Por otra parte, mi elección está hecha: la espada; y a quien Dios se la de, San Pedro se la bendiga. Pero me temo que en esta sociedad nuestra hay superabundancia de capones, corderos y cornudos.
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