SOBRE LA LEY DE LA MEMEZ HISTORICA.

Publicado el 30 de Julio, 2006, 11:54. en General.
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También llamada -según los cursis del Gobierno- Proyecto de ley de reconocimiento y ampliación de derechos y establecimiento de medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura; lo cual, así enunciado, debería hacer innecesario el desarrollo articulado.
Esta es una ley que determina, por las santas gónadas del palurdo Rodríguez, qué es lo bueno y lo malo; que santifica a los rojos -como se define a sí mismo el susodicho Rodríguez- y anatematiza a los fachas -entre ellos los mismos familiares del citado Rodríguez-, y que, en suma, viene a decir que ellos -los rojos- son los que han ganado la guerra. Una guerra que nos está poniendo al día, reverdeciendo odios ya no sólo ideológicos, el botarate Rodríguez.
Y una guerra que -piénselo, si le alcanza su nimia capacidad intelectual para tan alta abstracción- no puede ganar. ¿Conoce, por ventura, el señor Rodríguez la definición que hizo su compañero Prieto de los requetés; aquello de que no se conocía animal más peligroso que un requeté recién comulgado? Pues aplíquela a los españoles en general cuando nos llevan al extremo de la exasperación, y sabrá que él no va a ver su triunfo.
Por otra parte, y tomándolo a choteo -no hay otra forma- aviso que estoy preparando las correspondientes reclamaciones sobre varios aspectos que personal o familiarmente he padecido:
Exijo que a mi tío Andrés -combatiente republicano, porque movilizaron su quinta y a ver qué remedio-, le sea devuelta la pierna que le faltó desde que, por la ineptitud de los sanitarios rojos, lo extrajeron de entre los hierros retorcidos de un tren descarrilado pensando que estaba muerto y lo mismo daba sacarlo entero que a trozos.
Exijo que a mi madre le den la pensión correspondiente por la herida que recibió mi padre en las filas republicanas, a las que se fué voluntario porque aun no teniendo la edad militar, comprendió que había que quitar una boca de su casa, para que la parca ración alimentaria que suministraba la República alcanzase mejor a los hermanos más pequeños. Me temo que esto, a poco que investiguen, no lo concederán, porque se darán cuenta de que, tras aquella herida, mi padre retornó al combate para poder hacer realidad su deseo, que era pasarse a las filas nacionales en cuanto pudiera. Cosa que, efectivamente, hizo, cosechando más heridas. Pero como aquellos tiros se los dieron los rojos, será bastante con que no lo saquen de su tumba y me lo fusilen.
Exijo que se me compense adecuadamente porque la política represora del franquismo me concedió una beca, con la que estudié bastantes años de bachiller, para obligarme a estarle agradecido. Y por la injusticia de quitármela cuando mi madre, viuda, ganó lo suficiente para poder pagar mis estudios. Aquello me causó un gran complejo, que me llevó a pensar que una persona podía vivir dignamente de su trabajo, dejando las ayudas estatales para los más necesitados, de forma que ahora no comprendo este sistema de vagancia institucionalizada.
Exijo, también, que me aprueben el dibujo de 2º de bachiller, y la física de 6º, con efectos retroactivos.
Exijo que me devuelvan todas las horas lectivas que me robaron los rojos durante mis años universitarios, obligándome a hacer huelga en solidaridad con los compañeros del metal. En su defecto, exijo que los compañeros del metal se solidaricen conmigo para conseguir que mi profesora de Historia deje de dar mítines en vez de impartir el programa del curso.
Exijo que me quiten la funesta manía de pensar, desarrollada gracias a aquél plan de estudios del 58 en el cual estudié filosofía, historia, literatura y hasta latín. Si es imprescindible, que metan en la cárcel a los profesores que me enseñaron a preguntarme los porqués, y los cómo, y los para qué de las cosas.
Exijo que me quiten los escrúpulos que el franquismo me insertó, de forma que ahora no estoy capacitado para ponerme al día rojodemocrático: que me faciliten la consecución de una buena carrera como ladrón, estafador, prevaricador, cohechista o -llegado al máximo de la depravación- político del sistema.
Exijo que me borren las ideas fachas: las que me hacen pensar que a los mayores se les debe respeto y a los menores ejemplo.
Y exijo, por último, que usted, señor Rodríguez, junto a todo su Gobierno, se vaya a la mierda.