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Escribió Goethe que el espectáculo más terrible a que podemos asistir es el de la ignorancia en acción. Nadie puede negar que estamos asistiendo al espectáculo del asesinato de una Patria -la más antigua del mundo en constituirse como Estado moderno- por un individuo que juega con el fuego de la Historia como un perfecto ignorante, que se ha instalado en la mentira personal e institucional facilitada por la mediocridad de sus acólitos. Rodríguez ha declarado -con las medias verdades que acostumbra- que aceptará la voluntad de los vascos. ¿De los vascos, o de los baskos? ¿De los vascos que viven en Vascongadas, trabajan e intentan sobrevivir, o de los baskos que viven del cuento político, de la extorsión y del crimen? Es de temer lo peor, porque la simple reunión del partido de Rodríguez con Batasuna es un claro indicio de quienes son los baskos que tienen voz en la opinión de Rodríguez. No tienen voz -ni tendrán voto- los vascos de filas, los que no salen en la tele ni los periódicos; no tienen voz siquiera los propios socialistas que no se someten al dictado etarra. Tienen voz, exclusivamente, los otros. Evidentemente, una pistola siempre tiene la voz más fuerte que una persona. La moralidad -decía Napoleón- está siempre al lado de la artillería mas fuerte. Aunque la mayoría de los habitantes de Vascongadas pidieran hoy la independencia, no por ello dejaría de ser un crimen histórico, un delito de alta traición y un absurdo. Pero, aunque la pidieran todos y cada uno, no harían sino confirmar la frase de Longanesi: Dos estúpidos son dos estúpidos. Diez mil estúpidos son una fuerza histórica. Aquí nos basta con un estúpido. Un absoluto necio que, empeñado en recobrar una memoria histórica que nunca existió, ni siquiera conoce a sus propios modelos segundorepublicanos. En España sólo hay una nación, España. Esto no lo dijo Franco, ni José Antonio; esto lo dijo Negrín. ¿Tendremos que resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta?. Esto no es una salida de tono de este su humilde servidor. Esto lo dijo Manuel Azaña. Estamos en manos de un necio tan profundamente necio, que -repito suerte con Longanesi- no tiene ideas, sólo antipatías. Tampoco conoce, por supuesto, la sentencia de Robespierre: Cuando los gobernantes vulneran todas las leyes, el principal deber del pueblo es la rebelión. Como se ve, hoy me encuentro particularmente citón; pero es que Rodríguez nos está llevando a la encrucijada donde ya no quede más salida que la de rezar al Santo Patrono de España: Sanseacabó. No se asombre para entonces el señor Rodríguez, porque su futuro está escrito: Y la insolencia separatista crece. Y el Gobierno busca fórmulas jurídicas. Pero piense el Gobierno que si España se le va de entre las manos, no podrá escudarse tras de una excusable negligencia. Cuando la negligencia llega a ciertos límites y compromete ciertas cosas sagradas, ya se llama traición. (José Antonio Primo de Rivera. F.E., núm. 15, 19 de julio de 1934)
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