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La de una mujer hindú con una cobra, hace unos días, y la de otra con un perro, hace algo más. A la vista de estos casos, nada nos puede extrañar que en nuestra democracia liberal avanzada se concedan los derechos humanos a los simios. Es más: espero con ardiente impaciencia y harta curiosidad la retransmisión en directo del matrimonio entre alguna señora ministra y algún afortunado -o desgraciado, según se mire- chimpancé. O el de cualquier pobre orangutana con cualquiera de los múltiples macacos que se encuentran habitualmente en el hemicirco. Así nos habremos puesto a la altura de la democracia avanzada, la solidaridad y la igualdad que gozan las castas bajas de la India.
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