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Uno, que aprendió en José Antonio que la mujer no es una tonta destinataria de piropos, siempre había pensado que eso de fijar cuotas de mujeres -por decreto- era una soberana idiotez. Por la sencilla razón de que en un momento dado y en un lugar concreto, bien pudiera ocurrir que todas las mujeres estuvieran mejor preparadas que los hombres, bien por lo contrario. Fijar una cuota porque sí, porque yo soy el más progre y os obligo a hacerlo, podía ser causa de que se desperdiciase la calidad en holocausto a la cantidad. El sarao de doña María Teresa Fernández de la Vega -sólo para mujeres-, en honor de la Presidenta de Chile es una muestra de lo que digo. Lo malo de las cuotas, es que acaba uno teniendo que poner de Vicepresidenta del Gobierno a una señora -o lo que sea- como Fernández de la Vega.
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